• SENTIDO DEL CAMPO

    POR QUÉ NO HABRÁ CULTURA SIN AGRICULTURA

    LLORENTE, JULIO DEUSTO EDICIONES Ref. 9788423440283 Altres productes de la mateixa col·lecció Altres productes del mateix autor
    El declive del campo como síntoma y causa del declive de la civilizaciónEn una época que idealiza la tecnología y desprecia el campo, Julio Llorente lanza una tesis de fondo: la agricultura no es un sector más de la economía, sino el cimiento mismo de la civilización. Sin cultivo no hay cultura; sin...
    Ancho: 150 cm Largo: 230 cm Peso: 250 gr
    Disponible
    19,95 €
  • Descripció

    • ISBN : 978-84-234-4028-3
    • Encuadernació : Rústica
    • Data d'edició : 01/06/2026
    • Any d'edició : 2026
    • Idioma : Español, Castellano
    • Autors : LLORENTE, JULIO
    • Número de pàgines : 184
    • Col·lecció : DEUSTO
    • NumeroColeccion : 02
    El declive del campo como síntoma y causa del declive de la civilizaciónEn una época que idealiza la tecnología y desprecia el campo, Julio Llorente lanza una tesis de fondo: la agricultura no es un sector más de la economía, sino el cimiento mismo de la civilización. Sin cultivo no hay cultura; sin arraigo no hay comunidad; sin tierra no hay cielo. Allí donde el campo agoniza, también lo hace una forma plenamente humana de habitar el mundo.
    A lo largo de estas páginas, el autor recorre el ecologismo antiagrario, el nomadismo contemporáneo, la agroindustria, la pérdida de los oficios manuales y el declive del arraigo. Frente a la utopía tecnológica y la fantasía de la autosuficiencia, reivindica la fi gura del agricultor como custodio de la realidad: alguien que sabe que la vida depende de un don, que el progreso tiene límites y que toda cultura duradera nace del cuidado.
    Con una prosa tan rigurosa como apasionada, Llorente dialoga con la tradición humanista y la proyecta sobre los dilemas actuales, combinando el análisis cultural con la invitación filosófica y la intuición poética.
    En esta reflexión sobre la naturaleza humana, el trabajo, el arraigo y la dimensión espiritual del cultivo late una convicción sencilla: el campo conserva una sabiduría elemental que la ciudad ha olvidado y que ninguna tecnología puede reemplazar.